
Durante muchos años la artrosis se explicó como un problema mecánico: el desgaste del cartílago por el paso del tiempo.
Hoy sabemos que el proceso es más complejo.
En la artrosis participan mecanismos biológicos como la inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo y la activación de vías inflamatorias celulares como NF-κB, que estimulan la producción de metaloproteinasas, enzimas capaces de degradar progresivamente el cartílago articular.
Este ambiente inflamatorio también afecta a los condrocitos, las células encargadas de mantener la matriz del cartílago, favoreciendo la pérdida de colágeno tipo II y proteoglicanos.
La artrosis no depende solo de factores mecánicos. También se relaciona con el estado metabólico del organismo.
Inflamación sistémica, resistencia a la insulina, estrés oxidativo, dietas proinflamatorias y desequilibrios en ácidos grasos pueden contribuir al terreno biológico que favorece el deterioro articular.
Por eso hoy se investiga cada vez más el impacto de estrategias orientadas a modular el ambiente inflamatorio y metabólico, no solo a controlar el dolor.
Comprender estos procesos permite abordar la salud articular desde una perspectiva más amplia.

