
La falta de energía no siempre es por lo que comés. Muchas veces es por cómo vivís tus días.
Tus mitocondrias —las fábricas de energía de tus células— no responden solo a nutrientes, responden a señales.
– Luz natural: Exponete al sol apenas puedas, de 5 a 15 minutos, activa el ritmo circadiano, baja el cortisol y aumenta la producción mitocondrial.
– Movimiento suave: Caminá, estirá o mové tu cuerpo, de 10 a 20 minutos sin exigirte, moverte antes de comer enseña a tus células a usar energía.
– Respiración consciente: Antes de comer, pausá 1 minuto, inhalá y exhalá lento, cuando respirás producís energía.
Tres hábitos simples, diarios, que le dicen a tu cuerpo: estás a salvo, podés producir energía.
Cuando el sistema nervioso baja, la inflamación baja.
Y cuando la inflamación baja, la energía vuelve.
No se trata de hacer más.
Se trata de hacer mejor.

